EL HERBALIFE GRAN CANARIA DOMINÓ A PLACER AL FC BARCELONA LASSA Y SUMÓ UN OCTAVO TRIUNFO CONSECUTIVO HISTÓRICO QUE PERMITE SEGUIR SOÑANDO.

La racha de siete triunfos consecutivos del Herbalife Gran Canaria podía convertirse en historia si los amarillos derrotaban al FC Barcelona Lassa. Sin embargo, estas siete semanas de victorias tenían muchos más factores destacables: la anotación, la diferencia de puntos anotados con los encajados, los rivales,… Y el juego. El baloncesto. El soberbio nivel alcanzado por la escuadra de Luis Casimiro, especialmente tras la eliminación europea.

Los claretianos, conscientes de ello, salieron muy enchufados. Aguilar clavó un triple y, aunque el Barça fue el primero que estiró el marcador (3-8, minuto 3) no pudo evitar el vendaval que estaba a punto de arrollarles. McCalebb conectó un lanzamiento desde más allá de 6,75; luego fue Sasu Salin y así hasta un tremendo parcial de 13-0 que obligó a Bartzokas a parar el encuentro (16-8, minuto 5) justo después de un robo y mate de Pablo Aguilar. El granadino, que está exhibiendo un nivel monstruoso, fue el gran termómetro isleño en un primer acto de ensueño.

Un canastón de Bo McCalebb, que no falló ni un solo tiro en toda la primera mitad convirtiendo tres triples, elevaba la diferencia a la decena. Intentaba reaccionar un FC Barcelona Lassa que, sin jugar mal, no estaba encontrando respuesta al poderío claretiano. A un baloncesto majestuoso, magistral, insuperable. Albert Oliver saltaba a pista para lograr cinco puntos consecutivos pero era Bo, en la última jugada del acto con un ‘coast to coast’, quien ponía once de diferencia tras los primeros diez minutos (29-18).

Anzejs Pasecniks inauguraba su casillero personal, y el del segundo envite, con un gancho. El Herbalife Gran Canaria estaba atacando a placer y en defensa maniataba las numerosas armas blaugranas. Tyrese Rice, eso sí, no precisaba demasiada atención; el americano, que hace dos años arrasó en el mismo escenario en la final de Eurocup, fue una sombra de lo que otrora logró ser. Resulta complicado explicar el nivel del Granca sin hacer referencia a los mismos adjetivos todo el rato. Pero una jugada ejemplificó el bestial segundo período que firmó el grupo de Casimiro: pérdida en ataque, carrera sobrehumana de Rabaseda para un tapón que hubiera firmado dignamente Moran o Newley, y triple en transición de Kuric.

Una delicia. Sin más. Un placer para los sentidos. Los grancanarios llegaron a tener 21 de ventaja con un triple de McCalebb (50-29, minuto 17). Todo salía a pedir de boca, pero los blaugranas tiraban de orgullo y amor propio para recortar de manera tímida las diferencias antes del descanso. Bartzokas, eso sí, acumulaba ya una técnica. Al gigante culé se le apagaba la luz cada vez que amenazaba con una remontada que parecía muy, muy lejana (54-37).

DOMINIO INCLUSO EN LA ADVERSIDAD

Era una quimera pensar que iba a resultar tan apacible. El Herbalife Gran Canaria bajó un poco su ritmo de juego en el tercer cuarto. Pero no por cambio de actitud, sino por lógica. Era coherente y comprensible pensar que el FC Barcelona Lassa remontara poco a poco. Sin embargo, cuando más espeso estaba la ofensiva claretiana, surgieron figuras individuales de vital importancia. La primera fue la de un Pablo Aguilar sideral que clavó dos triples consecutivos que frenaron el empuje barcelonés. Una canasta de Ante Tomic, latente durante todo el encuentro, dejaba la diferencia en solo once puntos (59-48, minuto 25).

Pero si hubo un pívot croata protagonista en el tercer período ese fue Darko Planinic. Su aportación fue primordial. Vigorosa, hercúlea. Omnipresente. El balcánico apareció con el 62-50 en el electrónico y lo dejó en 72-53 con puntos de todo tipo: tras continuación, a tabla, tiros libres,… Se retiró siendo ovacionado. El Barça, mientras, seguía a lo suyo: miga a miga buscando una remontada épica a la que poco están acostumbrados. Claver anotaba de tres y Rabaseda respondía desde la esquina con rapidez supina. Un cuarto menos, misma diferencia: diecisiete puntos (75-58).

Juan Carlos Navarro, dolido en el alma, tiró de corazón. Lideró a los suyos pero el Herbalife Gran Canaria no estaba dispuesto a dejar escapar el triunfo. De capitán a capitán, era el turno de Eulis Báez. El dominicano, tocado de la cadera, forzó para estar presente en un encuentro de importancia suprema. Y no fue su día más brillante, pero apareció en el momento más oportuno. Anotó un tiro libre errando otro, pero compensó el fallo desde 4,60 con un triple demoledor (88-70, minuto 37) que dejaba tambaleándose al equipo azulgrana.

Y, aun con esas, los catalanes reaccionaron con un parcial de 0-11 que, a dos minutos del final del choque, dejaba el marcador en 88-81. Pero era el único ingrediente que le había faltado a una tarde mágica: la tensión, la incertidumbre. Porque el dominio del Herbalife Gran Canaria sobre todo un FC Barcelona Lassa fue abrumador, exultante, apabullante. Los amarillos acabaron sellando el triunfo con un triple de Albert Oliver y con una maravillosa fiesta en las gradas del Gran Canaria Arena.

Con la victoria, los claretianos escalan posiciones en la tabla de Liga Endesa, logran la octava victoria consecutiva, y sueñan con los ojos abiertos con la posibilidad de ser cabezas de serie en el futuro Playoff.

 

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